martes, 2 de febrero de 2016

Transición al Sueño

(Fotografía de Yolanda Calvo Gómez)


     La mente está con su cháchara mental incesante. Y la noche no es ninguna excepción. Nos acostamos y antes de dormirnos seguimos dejándonos arrastrar por el torrente mental, acordándonos de escenas, imágenes, conversaciones del día, mantenemos esas conversaciones en nuestra mente, las repetimos, las editamos, las cambiamos… imaginamos otra conversación para mañana, o para otro día, otra escena, otros personajes, los mismos personajes… Y viendo nuestras películas mentales nos dormimos. 
     Y así, cuando soñamos, los sueños repiten esas mismas películas. Si estamos preparando un examen, soñamos con el tema del examen, si hemos comido ensalada de maíz y discutido con alguien, en nuestro sueño esa persona nos tira maíz a la cabeza, o nosotros se lo tiramos a esa persona… 
     Otras veces los sueños representan, de forma simbólica, las emociones que nos atenazan durante el día… Es frecuente, para el que ha estudiado en la Universidad, seguir soñando muchos años después, que todavía no ha acabado la carrera, que aún le quedan exámenes, que no ha ido a clases, que no se ha preparado nada, con una angustia tremenda. Quizá la angustia que siente ante situaciones de la vida presente, situaciones ante las que sentimos que no estamos preparados o preparadas…
     Otros sueños o pesadillas típicas que representan las emociones que nos atenazan, son la de soñar con la muerte o pérdida de alguien muy querido… O soñar que nos persigue alguien o algo, corremos y no nos movemos del sitio, por más esfuerzo que hacemos no avanzamos… O soñar que tenemos que coger un tren o un avión muy importante, que no podemos perder, y llegamos tarde, lo hemos perdido y era nuestra última oportunidad… Todos sueños, que repiten temas diurnos… sentir que no avanzamos en la vida, sentir que hemos perdido una oportunidad preciosa, que hemos perdido el último tren de algo, en el amor, en el trabajo, en lo que sea… 
     Podríamos estar analizando esos sueños durante horas y seguramente extraeríamos un material muy interesante. Pero aquí, lo que queremos, es otra cosa distinta. Queremos que nuestra mente esté calmada. Porque una mente calmada puede ver la solución que seguramente está delante (más bien está dentro) y aplicarla. Es como esas bolas de nieve con una figura o una foto. Si agitamos la bola, la nieve no nos deja ver la imagen; si la dejamos quieta, la nieve se asienta y ahora vemos la imagen con claridad. Así funciona la mente. Una vez que está tranquila, podemos ver con claridad lo que era obvio y que antes no veíamos. 
     Por todo esto es muy conveniente realizar una Transición al Sueño, para no entrar en el sueño ‘en la mente’, en la inconsciencia de dejarnos arrastrar por el torrente mental. Para ello calmamos nuestra mente recorriendo el cuerpo, centrando nuestra conciencia en el cuerpo. Si lo habitual en una meditación es intentar no dormirse, en esta ocasión nos dormiremos durante el ejercicio. No se trata, entonces, de una meditación propiamente dicha, si no de un ejercicio de transición, para poder hacer una transición serena y calmada a la fase del sueño. De esta forma, dormiremos de forma más profunda y reparadora, tendremos menos pesadillas y nos sentiremos mejor. Para muchas personas con dificultad para conciliar el sueño, este ejercicio puede ser una gran ayuda. Aún así, si tienes insomnio seguramente vas a necesitar ayuda profesional, pero incluso en ese caso puedes encontrar mucha ayuda con este sencillo ejercicio. 
     Practica todas las noches. Entra en el Sueño con una mente serena. Y por la mañana, cuando te despiertes, antes de empezar a pensar en las cosas del día, antes de que se active tu mente, siente tu cuerpo. Nota tu cuerpo, tu respiración, la vida en tu cuerpo. Luego la mente se activará, claro que sí, pero será un comienzo del día diferente. 

     ¡Felices Sueños! ¡Feliz Despertar!







miércoles, 20 de enero de 2016

Mindfulness en el Cuerpo



    Tal y como vengo diciendo en las últimas semanas vivimos habitualmente en la azotea, en nuestras cabezas, en nuestros pensamientos y actividad mental continua. ¿El cuerpo? El cuerpo es un mero transporte de la cabeza. 
     Esta desconexión con nuestro cuerpo —el Dr. Daniel Siegel lo llamaría desconexión vertical— es tan grande que apenas si lo podemos sentir. Para mucha gente es frecuente que cuando empiezan a hacer Mindfulness y empiezan a orientar su conciencia a las diferentes partes de su cuerpo, no pueden sentirlo a menos que lo muevan. No pueden sentir las manos o los pies, por ejemplo, salvo que los muevan un poquito, o no pueden sentir las piernas o los brazos salvo que generen un poco de movimiento o de tensión. Así que si eso te ocurre, no te preocupes, no te ocurre nada extraño. Con la práctica, lógicamente, esta desconexión se salva, y la persona siente sin dificultad las diferentes partes de su cuerpo. Empieza a habitar su cuerpo por primera vez.
     Y el cuerpo lo agradece, y mejora. Porque todos sabemos que las casas abandonadas se deterioran mucho más rápido que las casas habitadas, y el cuerpo es, a menudo, como una casa abandonada a la que no hacemos caso y que se va deteriorando con nuestro abandono. 
     La atención es una energía muy grande. Prestar atención a algo o alguien es un regalo extraordinario. Como seres humanos necesitamos la atención, la conexión con los demás. Los bebés lloran en ocasiones, sin que les esté ocurriendo ‘nada’, simplemente porque necesitan atención, tan importante como el alimento físico o el sueño. Cuando van siendo mayores, aprenden que les prestamos más rápidamente atención si se portan mal que si se portan bien y, sin darnos cuenta, reforzamos, así, un mal comportamiento. Como adultos percibimos que lo peor que nos puede hacer alguien es ignorarnos… Prestarle una atención plena, completa, a alguien, es el mejor regalo que le podemos hacer. La persona florece, se abre, mientras está con alguien que le escucha con plena atención, y con una mente en silencio y un corazón abierto. 
     De igual forma nuestro cuerpo necesita nuestra atención. Pero no sólo en lo que se refiere a alimentación, ejercicio, sueño… que también, si no que le miremos, que le escuchemos, que le sintamos. Cuando lo hacemos, el cuerpo sonríe, se alegra, y esa energía le ayuda a re-equilibrarse. El mejor regalo que le podemos hacer a nuestro cuerpo es, también, una atención plena, sin pensamientos, sin juicios, sin críticas. 
     Es tan relajante prestar atención al cuerpo que al comienzo es normal dormirse. Puedes hacer este ejercicio en posición tumbada, boca arriba, con las piernas y los brazos un poco separados. Pero quizá te duermas al hacer el ejercicio. Así que será mejor que te sientes en una silla, con la espalda recta pero relajada, los pies planos en el suelo y las manos sobre las rodillas, sin tensión. 
     Si te cuesta sentir el cuerpo es probable que tengas la tentación de visualizarlo. Aunque la imagen vendrá inmediatamente porque nuestro cerebro es muy visual, céntrate en las sensaciones, no en la imagen. No te preocupes si al comienzo no sientes algunas partes de tu cuerpo, con la práctica te será cada vez más fácil. Si no lo sientes, al comienzo puedes utilizar el truco de mover o tensionar levemente la parte del cuerpo que no sientes. Eso te ayudará, y con la práctica, podrás sentir tu cuerpo sin dificultad, y sin necesidad de ninguna ayuda. 
     Es uno de los ejercicios más relajantes y agradables del Mindfulness, personalmente es uno de los que más me gustan. Numerosos estudios demuestran que la respuesta del sistema inmune de las personas que practican Mindfulness es más fuerte que la respuesta de las personas que no lo practican. Enferman menos, cogen menos gripes y en caso de caer enfermos, se recuperan antes, y en caso de hospitalización, como media, necesitan menos días de ingreso. 
     Y tantos beneficios haciendo algo tan sencillo como prestar un poco de atención a tu cuerpo, sentirlo, cada día.
    Haz este ejercicio una vez al día. Pero aparte de practicarlo una vez al día acostúmbrate a ser consciente, cada vez que tu conciencia está en la azotea, en tu mente, en los pensamientos, y cuando esto ocurra, baja al cuerpo, a las sensaciones en el cuerpo. Y hazlo no una vez al día, ni diez, ni cien veces al día. Hazlo mil, diez mil veces, las que sean necesarias. Siempre que te hayas subido a la cabeza, baja al cuerpo, baja a las sensaciones del cuerpo. 



martes, 19 de enero de 2016

La Banda Sonora de la Vida



     ¿Has escuchado el sonido del lápiz o del bolígrafo al escribir sobre el papel? ¿El sonido de tu mano desplazándose sobre el folio al escribir?
     ¿Has escuchado el sonido de la toalla al secarte las manos? ¿O al secar tu cuerpo después de la ducha?
     ¿Has escuchado el sonido de la almohada cuando apoyas en ella la cabeza?
     ¿Has percibido el sonido de tu respiración, cuando ésta es serena, lenta y tranquila?
     ¿Has oído el sonido de tus pies descalzos caminando por la casa, o por la arena?
     ¿Has escuchado la brisa en las hojas de los árboles?

     Raramente prestamos demasiada atención a los pequeños sonidos que forman parte de la Vida, de la experiencia sensorial de la vida. Sin embargo esos pequeños sonidos están ahí. Si una película no incluyera esos sonidos cotidianos o, de repente, dejáramos de oírlos, sería muy extraño. No escuchar la puerta, o los tacones, o el teclado del ordenador al escribir. Hablar y oír, pero no escuchar esos pequeños sonidos. Eso llamaría nuestra atención, sería muy, muy extraño. Pero cuando están, no les prestamos ninguna atención. Y no lo hacemos porque estamos siempre en nuestras cabezas. Pensando cosas que son repetidas, cansinamente repetidas. Incluso aunque no sean pensamientos negativos y destructivos, cuanto menos es cansina, agotadora, tanta repetición innecesaria. 
     Un ejercicio que es tremendamente eficaz para bajar de la cabeza y centrarse en las sensaciones del cuerpo es centrarse en la ‘banda sonora de la vida’, prestando atención a los sonidos, especialmente a los más sutiles y delicados, a los más débiles. 
     Coge un tarro de lápices… sí, sí, ahora mismo. Por favor, te espero… 
     Saca un lápiz o un boli, muy despacio. Permanece en silencio. Si hay música o la tele puesta, quítala, si no, no podrás oírlo. Saca el boli o el lápiz muy despacio. Al salir de entre los otros lápices hará un sonido, muy, muy débil. ¿Puedes oírlo? Salvo que tengas algún problema de oído podrás percibirlo. Si no pudieras percibirlo, prueba a sacar el boli un poco más deprisa, de forma que puedas percibirlo. ¿Lo puedes notar ahora? ¡Bien! Y ahora, fíjate bien, ¿has podido pensar y escuchar el sonido a la vez? No. No has podido. Es completamente imposible. 
     No podemos prestar atención a la banda sonora de la vida y pensar a la vez. Así que este es un ejercicio tremendamente poderoso para que nuestra conciencia no se deje llevar por el violento torrente de pensamientos: haz tus tareas cotidianas, camina, conduce, cambia de marchas, pon el intermitente, respira, pela las zanahorias y las patatas, saca la basura, escribe… haz todo eso, con plena conciencia en tu cuerpo y en los sonidos que se producen continuamente, incluso los más leves. 
     No lo hagas una vez, ni dos, ni tres. Tampoco veinte. Hazlo doscientas veces, o dos mil, o veinte mil. Las que sean necesarias a lo largo de un día. Y al día siguiente… otra vez. 
     Porque descubrirás que prestarás atención a los sonidos, pero a los pocos segundos tu conciencia se habrá perdido, de nuevo, arrastrada por el torrente mental. Así que tu trabajo es volver a despertar y volver, otra vez, a prestar atención a esas sensaciones. 
     Notarás cómo se calma tu mente. Con una rapidez mucho mayor de lo que imaginabas. 
     Y una mente serena es una mente mucho más eficaz y mucho más feliz.

     Baja de la cabeza al cuerpo. Presta atención a las sensaciones del cuerpo. Escucha la banda sonora de la Vida. 


lunes, 18 de enero de 2016

Habitar en el cuerpo y no sólo en la cabeza


     Vivimos en nuestras cabezas prácticamente todo el tiempo. 
     Y ahí arriba la cháchara mental no para. 
     Repite pensamientos, imágenes, conversaciones, cambia conversaciones que hemos tenido, imagina otras que va a tener...
     Y vuelve a repetir otra vez, el mismo pensamiento, la misma conversación, la misma escena, el mismo recuerdo... y hasta la misma canción.

     Miles de repeticiones completamente innecesarias que generan emociones que producen un gran malestar.
     Piensa sólo cuando necesites pensar.
     Cada vez que tu mente esté repitiendo esos pensamientos, esas conversaciones, esas imágenes, esos recuerdos… cada vez que estés ahí arriba, en la cabeza, desciende al cuerpo, a las sensaciones en el cuerpo. Nota tu cuerpo, tu respiración, escucha los sonidos, mira la luz, los colores, olores, sabores. Todas las sensaciones que te lleguen por alguno de tus cinco sentidos. Céntrate en las sensaciones del Ahora. No puedes centrarte en esas sensaciones y pensar a la vez.
     El Ahora es lo único que existe. La Conciencia de ese Ahora que perdemos cuando nos dejamos arrastrar por esa repetición mental incesante.
     Llena tu Conciencia de la experiencia que se esté desarrollando, que se esté desplegando en el Ahora. Llena tu Conciencia del Ahora. Eso es lo que es Mindfulness.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Ser Feliz y Estar Contento:



     El ser humano tiene una increíble creatividad para ser infeliz. Por eso sé que podemos utilizar esa misma creatividad para generar felicidad. 
     Ser feliz no es lo mismo que estar contento. 
     Estar contento es un estado pasajero y depende de cosas o acontecimientos externos... tengo sed y bebo agua, y eso me alegra. Me compro una casa nueva y bonita y estoy contenta. Me suben el sueldo, y estoy contenta. Me enamoro y soy correspondida, y estoy contenta.
     Ser feliz depende solamente de mí. De mi capacidad de poner el corazón en las cosas. De mi capacidad de ser plenamente consciente en cada momento, de aceptar lo que se manifiesta en el Ahora, sea lo que sea. Ser feliz es una capacidad que se cultiva y se trabaja, que se aprende. Ser feliz es un estado del Ser, de Plenitud y Serenidad interior, de satisfacción plena con la realidad que se manifiesta. 
     Ser Feliz es estar profundamente enamorado de la realidad y de la vida, con todo lo que traiga. 

     Ser Feliz es una elección que sólo se puede hacer con plena conciencia. 

martes, 10 de noviembre de 2015

En la Sala de Espera de la Vida




El ser humano vive en un estado de espera constante. 

Espero que esto funcione…
Espero encontrar una casa que me guste…
Espero encontrar un lugar para vivir…
Espero tener una familia…
Espero encontrar un trabajo que me permita realizarme…
Espero que me toque la lotería…
Espero comprarme un coche…
Espero tener ese móvil…
Espero salir con ese chico o chica que me hará feliz… 
Espero que me ocurra algo maravilloso… 

A ese estado de espera lo llamamos Esperanza. 
La esperanza es alimentada con ‘pensamientos positivos’, consideramos que lo que deseamos lo podemos alcanzar, proyectamos una película mental que nos hace sentir bien. Desde luego, es mucho más agradable tener películas mentales positivas que negativas. Pero no dejan de ser películas mentales. Incluso esa película mental positiva genera ansiedad porque tenemos miedo de no llegar a tenerlo nunca, tenemos miedo de que el sueño no se haga realidad y porque no es lo que tenemos Ahora, no lo tenemos aún. 

En cuanto nos creemos esa película mental, la perseguimos, la alimentamos, la acariciamos. Una vez que nos dejamos arrastrar por el torrente mental, una vez que nos hemos identificado con pensamientos y emociones y nos dejamos llevar, al cabo de unos días, las películas mentales más negativas dominarán el espacio de la mente. Por un lado, porque hemos dejado de ser la conciencia que observa (si es que antes lo éramos).  Por otro lado porque el cerebro está programado biológicamente para ser velcro para lo negativo y teflón para lo positivo. Y, por otro lado, porque esa ‘película positiva’ supone un rechazo al Ahora: el Ahora no es perfecto, no hasta que tenga eso con lo que estoy soñando. Y si rechazamos el Ahora, rechazamos la Vida, y al hacerlo, como un eco, como un boomerang, el rechazo vuelve hacia nosotros. 

Es verdad que hay personas más positivas que otras. Pero si nos fijamos esas personas no están viviendo el cuento de la lechera, si no que tienen una mayor capacidad para estar en el Presente, para vivirlo con plenitud, con satisfacción. 

No proyectar películas mentales sobre el futuro, no vivir esperando, no significa que no podamos planificar. Significa que cuando planifico no proyecto mi felicidad o realización en eso que estoy planificando. Puedo planificar un viaje, horarios, medios de transporte, hoteles, lugares que voy a visitar… Pero no proyecto una imagen de mí siendo feliz en ese viaje, no proyecto una película positiva ni negativa. La película se va a disparar de vez en cuando, claro que lo va a hacer. A la mente le encantan las películas. Simplemente cuando observo la película, la paro, y vuelvo a centrarme en el presente. ¿Eso significa no tener ilusión por el viaje? No. Voy a tener ilusión, quiero hacer ese viaje, y quiero pasarlo bien, pero voy a seguir viviendo el Ahora, antes del viaje, sin perderme un detalle, sin perderme un sólo segundo… y cuando llegue el viaje voy a seguir haciendo lo mismo: Estar plenamente presente. Esté donde esté siempre es lo mismo, siempre es Aquí y Ahora. Nunca puede ser otro sitio ni otro momento. 


Sal de la Sala de Espera. Vive la Vida. Vive el Ahora. No te pierdas un sólo detalle, un sólo minuto. Eres la Conciencia que observa lo que se despliega, lo que se abre, en el Ahora. Que observa, sin perseguirlos, incluso esos pensamientos que vienen a la mente sobre ese ‘futuro mejor’. Y al observarlo, no puedes dejar de maravillarte y sentir una increíble serenidad y felicidad, una paz y una plenitud que está más allá de la comprensión racional.

lunes, 26 de octubre de 2015

Descolocados en el Tiempo: Ansiedad y Depresión

     Nuestro sufrimiento está originado, en buena medida, por nuestra incapacidad de vivir el momento presente, el Ahora, con plena conciencia y con plena aceptación. 
     Los pensamientos corren a toda velocidad. Para algunas personas corren a visitar con frecuencia el futuro. Para otras, el pasado. Otras, van igualmente, al pasado y al futuro, repartiéndose por igual.
     Cuando la mente pasa gran parte del tiempo en el pasado, tendemos hacia la depresión, cuando pasa más tiempo en el futuro, tendemos a la ansiedad. Cuando nos repartimos entre pasado y futuro, podemos sentirnos ansioso-depresivos. 
     Para algunas persona sus pensamientos se centran más en el pasado, en acontecimientos tristes vividos, muertes, pérdidas, enfermedades... Reviviendo y manteniendo la tristeza que originaron en su día. Pero también en episodios que perciben como injustos, abusos, violencia, robos, y también enfermedades, accidentes o muertes que son vividos como algo injusto y experimentados con rabia. Y digo que son percibidos como injustos y no que lo sean, porque lo que es percibido como justo o injusto depende de creencias que tengamos, y varía enormemente de persona a persona, en distintas culturas y a lo largo de la historia. Eso sí, el apego a estas emociones es muy fuerte, porque la persona cree que tiene razón y se apega a la razón aunque eso signifique no poder vivir el presente con el potencial de plenitud o felicidad que pueda tener ahora. 
     Pero también nos podemos apegar al pasado de forma más sutil, por medio de la añoranza. Añoranza de momentos de felicidad vividos y pasados. Esa añoranza es una emoción de la familia de la tristeza, pero es muy sutil y peligrosa porque gusta, por lo que la persona tiende a mantenerlo e incluso a vivir, de forma permanente, en la añoranza y en el pasado. 
     Otras mentes prefieren lanzarse hacia adelante, hacia el futuro. Se preocupan, sienten ansiedad, miedo... Se aferran con fuerza a su preocupación y miedo con creencias como que el miedo protege o que si no se preocupan las cosas no saldrán bien. Sin darse cuenta de que no hace falta tenerle miedo a los enchufes para no meter los dedos dentro (salvo que tengas dos años, claro), y que por más que se pre-ocupen de algo no van a impedir que ocurra. 
     Y otras, finalmente, se lanzan hacia el futuro con esperanza y con lo que ahora mucha gente llama pensamiento positivo (y que no tiene nada que ver con el Pensamiento Positivo propuesto por Seligman). Y con la esperanza, de la mano, está el miedo. El miedo a no lograrlo, a no conseguirlo, a que no llegue ese futuro deseado en la forma de salud, pareja, bienestar, trabajo, dinero, etc. Y de nuevo, el apego a la emoción, en el caso de la esperanza, con aferramiento, la esperanza es lo último que se pierde, decimos, y aconsejamos: 'aférrate a la esperanza'.
     Mientras vivamos en un tiempo que no existe, pasado o futuro, nos acompañarán esas emociones, rabia, tristeza, miedo, preocupación, e incluso las 'versiones suaves', añoranza y esperanza. Todas producen sufrimiento, en mayor o menor medida, dependiendo de su intensidad y de la frecuencia con que invadan y nos arrastren sin conciencia. 
     El único remedio es ser conscientes cada vez que esto ocurre y volver a centrarnos, una y otra vez, en lo que estemos haciendo en ese momento: lavarnos los dientes, fregar los platos, caminar, rellenar un formulario, o escuchar la lluvia que cae. Una vez... y otra... y otra... recolocándonos en lo único que existe, plenamente conscientes, en el Ahora. Al principio supondrá un esfuerzo, no estamos acostumbrados. Pero en poco tiempo empezaremos a experimentar la Plenitud y La Paz que siempre hay en el Espacio del Ahora. Incluso en los momentos difíciles está ahí, siempre que nuestra mente deje de huir, lo percibirá y lo sentirá.



SOY




Camino por un lugar de intensa belleza. 
Mi mente piensa emocionada y excitada '¡Qué hermoso!'
Me pregunto, '¿Quién piensa eso?'
Me respondo, 'Soy yo'. 
Y vuelvo a preguntarme, '¿Y quién soy Yo?'
Mi mente se queda en Silencio. 
No hay frases de admiración, no hay excitación emocional, no hay pensamientos. 
Sólo, de vez en cuando, se repite en mi corazón, SOY. 
Observo cómo la mente está Serena y el Corazón espacioso. 

SOY. 

Entonces el agua del lago dice 'Soy'.
El pequeño arroyo que canta a mi lado dice 'Soy' con su canción.
Las montañas dicen 'Soy'.
Los árboles, la hierba, el musgo, el líquen, los pájaros, las hojas que caen de los árboles... todos dicen 'Soy'. 
La tierra potente, enorme bajo mis pies, dice 'Soy'.
El cielo y las nubes sobre mi cabeza dicen 'Soy'.

Desaparezco. 
Sólo existe un océano de SER.
Todo ES. 

Sin fronteras, sin separaciones, sin rupturas. 

SOY. 


(Gracias Ramana Maharshi por transmitir esta indagación de la mente).

lunes, 5 de octubre de 2015

La Mente Silenciosa y Creativa




El niño aprende a nadar, bate sus brazos y sus piernas en el agua con fuerza, mueve todo su cuerpo, se agota rápidamente y avanza poco. 
Observa al buen nadador o nadadora. Mueve sólo los músculos necesarios. Los brazos y la cabeza apenas salen del agua. Con el mínimo esfuerzo su cuerpo avanza con gracilidad en el agua. 

Vuela la gallina, batiendo las alas ruidosa y rápidamente, para elevarse con esfuerzo hasta la rama del árbol.  
Vuela la gaviota planeando suavemente sobre el mar que la alimenta.
Vuela el águila, planeando con elegancia, dejando que el aire la eleve, sin apenas mover las alas. 

La mente siempre ruidosa, siempre pensando, siempre activa, no encuentra la solución, está siempre pensando en el problema, cree que tiene que pensar en el problema, que es muy importante. Esa mente mete ruido, es pesada, no viaja lejos, apenas si alcanza una solución a corto plazo, una idea pequeña y breve. 
De la mente silenciosa, espaciosa, surge la creación, la innovación, el avance, la solución. Avanza con pasos de gigante, con calma y decisión. 

Cuánto más pienses en el problema más te alejas de la solución.
Cuánto más activa está tu mente, más te agotas, y menos eficaz eres. 
Deja de pensar. Permite el Silencio. 

Del Espacio, del Silencio, de la Oscuridad a la que tanto teme la mente, surgirá la creación de tu vida. 
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