viernes, 6 de marzo de 2015

Grupo en Granada: Aprendiendo la Felicidad

     En las próximas semanas voy a abrir un grupo de clase-trabajo-meditación con el título "Aprendiendo la Felicidad". Será en miércoles alternos en la ciudad de Granada (España). 
La Felicidad es una habilidad que se puede aprender
Vivimos como si la felicidad dependiera de factores externos a nosotros: la suerte genética del carácter que nos haya ‘tocado’ o los acontecimientos de nuestra vida que nos permitan ser más o menos felices. 
Sin embargo, no es así. La Felicidad es algo que está dentro de nosotros, es algo que podemos cultivar y que podemos aprender. Podemos aprender a tener una vida plena y feliz independientemente de las circunstancias de nuestra vida. 
Encuentros los Miércoles 
Cada dos miércoles tendremos dos horas de clase, en la primera hora y media habrá una clase en la que se abordarán diferentes temas y se responderán preguntas. Se acabará siempre con una meditación, con una práctica que nos ayude a conectar con nuestro Ser Interior. 
No importa la edad que tengas, no importa si nunca has hecho meditación, no importa si no puedes sentarte en el suelo. Estas clases están dirigidas para personas de todas las edades y condiciones físicas.  
Por Yolanda Calvo Gómez
Yolanda Calvo es Psicóloga que utiliza en su consulta la Meditación y la Conciencia Plena en el Ahora. Tiene un blog en el que trata estos temas: hhttp://linkcerebromente.blogspot.com.es y un Canal de YouTube con Meditaciones Mindfulness: https://www.youtube.com/user/LinkCerebroMente
Algunos temas que se irán cubriendo
Yo no soy mi Mente. Conciencia y Mente.
Ego y Lastre Emocional (Cuerpo-Dolor). Regulación de Emociones
Vivir el Ahora. Tiempo y Ego.
El papel del Sufrimiento (pérdidas, fracasos, separaciones, enfermedad…) Crecimiento Post-Traumático
La Muerte: el Gran Desafío y el Gran Despertador de la Conciencia… 
Y mucho más. 
Fecha: miércoles alternos, aunque habrá períodos sin clase por vacaciones. 
Dónde:
Horario: de 17:00 a 19:00 h. 

Traer ropa cómoda y que no apriete. Si quieres hacer la práctica de meditación en el suelo, trae tu propio zafu o cojín. Sin embargo, no es un requisito pues las prácticas estarán diseñadas para poderlas realizar en una silla.

Aquellas personas que estén interesadas y quieran más información, contactar conmigo en el email: yolandacalvo@me.com, mientras tanto os adjunto un cartel explicativo. Cuando estén completos los datos pasaré el definitivo. 

Desahogo Emocional: ¿Me está ahogando algo?


     Recientemente me han hecho en el blog, varias personas y en varias entradas diferentes, la misma pregunta. “Si observo las emociones, sin rechazarlas, pero sin alimentarlas, ¿qué pasa con el desahogo?” Es una muy buena pregunta que merece otra entrada para explicar qué es el desahogo y para qué sirve. 
     Para empezar la palabra ‘desahogo’ tiene varios significados. El primero de ellos (voy a dejar de lado un tercer significado que se refiere a la comodidad económica, como en la frase ‘vivir con desahogo’), al que nos referimos la mayoría de las veces, es el de (según el DRAE) ‘alivio de una pena o aflicción’. Desde ese punto de vista una emoción nos está ahogando —lo que algunas veces puede ser bastante cierto, puesto que las emociones se sienten en el cuerpo y algunas presionan el pecho y acortan la respiración— y la disminución o desaparición de ese malestar emocional supone un desahogo. Teniendo en cuenta ese significado al observar las emociones, sin identificarnos con ellas, siendo la Conciencia que observa, sin rechazar, sin perseguir ni alimentar, veremos que las emociones se pasarán, en la mayoría de los casos, con bastante rapidez, dejándonos respirar libremente, otra vez. La naturaleza de las emociones y de los pensamientos es pasajera, volátil. Van y vienen. No nos sentimos un día igual que otro, no tenemos las mismas emociones ni pensamientos a los 6 años que a los 20, que a los 50 que a los 80… A menudo duran más porque nos aferramos a ellas, porque las alimentamos, las perseguimos. Pero si no lo hacemos van y vienen durante un tiempo y se terminan marchando, dejándonos con ‘desahogo’. (Consulta la entrada ‘Observa tu Mente’: http://linkcerebromente.blogspot.com.es/2015/02/observa-tu-mente.html).
     La palabra desahogo tiene, además, otro significado y es el de (otra vez según el DRAE) ‘manifestación violenta de un estado de ánimo’. A menudo me he encontrado en la consulta con personas que tienen problemas para regular sus emociones, por ejemplo, la rabia, y que creen que deben expresarla libremente, para desahogarse, porque si la reprimen sería malo para ellas. Desde luego no tienen en cuenta que cuando desahogas la rabia de esa forma también es ‘malo’ para los demás. Parece que actúan de una forma muy egoísta, ‘los demás, que se apañen’, no dándose cuenta de que así comienzan muchos conflictos, así comienzan muchas guerras. Pero, en realidad, no es egoísmo es inconsciencia. Por un lado creen firmemente que el desahogo de la rabia es importante y, por otro, no saben cómo regular esa emoción que es tan rápida. ¿Qué hacer entonces? ¿Si no suelto mi rabia la reprimo? No. La observas. Tú no eres la rabia, eres mucho más grande que tu rabia, eres la Conciencia que tiene la capacidad de observar la rabia. No gritas, no golpeas, no pegas, no insultas, no humillas… Te callas y observas tu rabia hasta que ésta ha cedido. Y cuando tu ánimo esté sereno y tranquilo tomas las decisiones que tengas que tomar, que a veces hay que tomarlas. No es fácil de hacer, y eso sería tema de otra entrada. La rabia es una emoción muy rápida y quizá la más difícil de regular. Pero haciéndolo de esta forma no se reprime porque desaparece.
     Quizá dentro de este último significado, si eliminamos la palabra ‘violenta’ y dejamos ‘manifestación de un estado de ánimo’ es como muchas veces entendemos la palabra desahogo, especialmente las mujeres. Tenemos alguna cadena emoción-pensamiento que se repite y se repite en nuestra cabeza y a la que alimentamos constantemente y buscamos hablarlo con alguien, con nuestra pareja, un familiar o una amiga para ‘desahogarnos’. Esta estrategia puede funcionar y no funcionar. Según. 
     Funciona si tu interlocutor es una persona que escucha, que no reacciona emocionalmente, que no te bloquea o te corta dándote ‘soluciones’ que quizá ya conocías tú, diciéndote lo que tienes que hacer o, peor aún, rechazando lo que sientes y diciéndote ‘a ti lo que te pasa es tal cosa’ o ‘no deberías sentirte así’. Si tu interlocutor genera el espacio de escucha y respeto, al expresar lo que sientes notarás que eres escuchada, notarás que —por decirlo así— existes en el espacio de la otra persona, notarás conexión. Y esa conexión cura, sana. A menudo tu interlocutor no tendrá que decir nada, sólo escuchar, plena, abiertamente, eso será suficiente. Y al hacerlo así, al poder expresar tus emociones y pensamientos puede ocurrir que conectes, al verbalizar lo que te ocurre, tu hemisferio derecho —más emocional y negativo— y el izquierdo —más lógico y positivo—, y tú misma adquieras una distancia, una capacidad de observación y es esa observación, junto con la conexión, lo que te permite sentirte mejor y más aliviada. 
     El desahogo no será tal, no funcionará, si tu interlocutor se cierra, si rechaza tus emociones, las califica de no adecuadas, no correctas, o equivocadas, si te dice que no sabes lo que te pasa, que en realidad es otra cosa, o si se enfada contigo y reacciona emocionalmente. Entonces tu emoción subirá más y te sentirás aún peor, porque te sentirás, ahora además, aislada e incomprendida. 
     El desahogo tampoco funcionará si no logras, al hablar, esa distancia contigo misma, esa capacidad de observación, si lo expresas hiper-cargada de emocionalidad, si representas la emoción, si te dejas, otra vez llevar por tu mente. Si, además, repites esa misma escena, con varias personas, varias veces, será aún peor. Entonces lo que ocurre es que los trazos neuronales de la emoción se hacen cada vez más fuertes, no disminuyen, no hay desahogo, hay cada vez más ahogo. Como una canción que cada vez que cantas te la aprendes mejor, una emoción cada vez que se repite se hace más fuerte.
     Y, por supuesto, el desahogo tampoco funcionará si lo que buscas es que la otra persona te diga que tienes razón, que estás en lo cierto. Si es eso lo que buscas, significa que te has identificado con la emoción, con tus pensamientos, con tu mente, con tu ego. Al ego le encanta tener razón. Entonces otra persona te la da y te sientes a gusto, comprendida, afirmada en tu lógica y en tu verdad. De momento funciona, porque te ves fortalecida, pero tu emoción también. A la larga cada vez va siendo más fuerte, cada vez te sientes peor. 
     Finalmente hay, además, un aspecto cultural del desahogo. En una cultura como la española, latina, o mediterránea, el hablar con los demás de nuestras emociones y también expresarlas en muchas situaciones es algo normal y se ve como deseable, porque estamos condicionados a verlo así. En otras culturas más nórdicas o en la japonesa, por ejemplo, se vería como una falta de regulación emocional y una falta de respeto por la otra persona, porque invadimos su espacio con nuestras emociones. Observa esas diferencias culturales teniendo claro que no hay mejor ni peor, malo ni bueno. Son hábitos y condicionamientos. Mientras sean inconscientes pueden hacernos sus esclavos. Pongamos la conciencia sobre ellos y seremos libres. 
     ¿Quieres liberarte de esas emociones que te ahogan? Acepta que están ahí, acepta que las sientes, obsérvalas, míralas, no las rechaces diciéndote ‘no quiero sentir esto’, tampoco las persigas, tampoco las alimentes con más pensamientos repetidos, recuerdos o imágenes. Sólo observa. Se terminarán yendo y te sentirás libre. Tú no eres tus emociones. Tú eres un Ser mucho más grande, mucho más maravilloso de lo que nunca has imaginado. Tú puedes observar tus emociones, son importantes, pero son eventos de tu mente, que es un instrumento muy útil, pero es tu instrumento. Tú eres, o deberías ser, su amo, no su esclavo. Líberate. Descubre el Ser tan extraordinario que Eres. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

Ducha Mindfulness


     Una práctica potente es convertir actividades automáticas que hacemos con poca conciencia, dejándonos llevar por nuestro torrente mental, en actividades realizadas con plena conciencia. Es una forma de ir condicionando espacios de nuestra vida para que sean espacios con plena conciencia. Podemos aprovechar los momentos de la ducha, el lavado de dientes, al lavarse las manos… Si, por ejemplo, nos damos una ducha con plena conciencia, comprobaremos que lo habitual en la ducha es que nuestra mente esté en cualquier otro lugar… menos en la ducha. Si nuestro cuerpo se fuera donde está nuestra mente, podríamos aparecer llenos de jabón, con la esponja en la mano, en la puerta del banco, del colegio, o del supermercado… Sería, desde luego, un aprendizaje curioso. Sin embargo, no va a ocurrir, y debemos aprender a hacer que coincidan cuerpo y mente sin necesidad de trucos de magia. Tenemos que aprender a habitar nuestro cuerpo, vivimos demasiado en nuestras cabezas. 
     Así que cada vez que te des cuenta de que estás pensando en cualquier otra cosa, céntrate en las sensaciones de la ducha, el agua, la temperatura del agua, el jabón, la esponja… Las sensaciones tactiles al frotar las distintas partes de tu cuerpo, manos, brazos, cara, cabeza, etc. El sonido del agua. Las gotas de agua en la cortina o en la mampara. La luz. El olor del jabón. El espacio que ocupa tu cuerpo, el espacio en el que mueves tu cuerpo. Todos los detalles que percibas con todos tus sentidos. 
     No pongas la radio. No tengas ninguna otra estimulación extra. Sólo la ducha y tu mente en silencio. Plenamente consciente de esa ducha como si fuera lo último que fueras a hacer en tu vida. De hecho, esa idea suele ayudar para centrarse. 
     Aún así, te distraerás constantemente. Continuamente te dejarás llevar por el torrente de pensamientos. Parar la cháchara mental no es fácil. Y la ducha suele ser un lugar que está muy condicionado a tener puesta la ‘radio mental’. Apaga la radio mental y la física. Ambas. 
     Al comienzo tendrás sólo segundos de ducha consciente y más tiempo de radio mental. Cada vez que te des cuenta no te enfades, felicítate por haberte dado cuenta de que la radio mental se había conectado otra vez, y vuelve a centrarte en las sensaciones físicas de la ducha.
     Con la práctica irás siendo cada vez más consciente. Tendrás tus días, por su puesto. Unos días parecen más fáciles que otros. A veces la cháchara mental parece imposible de callar, y otras veces está bastante tranquila. 
     Este ejercicio es muy eficaz pero comprobarás, con casi total seguridad, que no es nada fácil de hacer. Pero como en todas las cosas, son difíciles hasta que resultan fáciles. Continúa practicando. Plena conciencia, minuto a minuto. Vivir constantemente en el Ahora, en un Presente Continuo, que es lo único que existe.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Oliver Sacks ante el cáncer y ante su propia muerte



    Traducción del artículo que Oliver Sacks escribió en el NYTimes reflexionando sobre su cáncer y la cercanía de su propia muerte. (Traducción de Antonio Tejero Peregrina revisada por Yolanda Calvo Gómez; gracias Antonio): 
     Hace un mes, me sentía que estaba sano, incluso robustamente sano. A los 81 años, todavía nado una milla cada día. Pero mi suerte se ha acabado, hace unas pocas semanas me enteré de que tengo múltiples metástasis en el hígado. Hace nueve años descubrieron que tenía un tumor muy poco común en el ojo, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el láser necesarios para acabar con el melanoma me inhabilitaron ese ojo, solo en casos excepcionales esos tumores metastatizan. Estoy entre los desafortunados 2 %. 
     Estoy agradecido de haber tenido el regalo de nueve años de buena salud y productividad desde el primer diagnóstico, pero ahora estoy cara a cara con la muerte. El cáncer ocupa un tercio de mi hígado, y aunque su avance pueda ser ralentizado, este tipo particular de cáncer no puede ser curado. 
     Depende de mi ahora como afrontar estos meses que me quedan de vida. Tengo que vivir de la más rica, profunda y productiva manera que pueda. Para ello me animan las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David hume, quien, al saber que estaba enfermo de muerte a la edad de 65, escribió una corta biografía en un solo día en abril de 1776. La tituló: “Mi propia vida”. 
     “Ahora reconozco, ante el rápido desenlace,” escribió, “ que he sufrido muy poco por esta enfermedad, y lo que es más extraño, nunca he sufrido un momento de abatimiento de mi espíritu. Poseo el mismo ardor de siempre en mis estudios, y la misma satisfacción de estar compañía.” 
     He tenido la suficiente suerte de vivir ochenta años y los quince años que me han sido otorgados sobre los de Hume los he vivido de forma igualmente rica en trabajo y amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y completado una autobiografía, desde luego más larga que las pocas páginas de Hume, que se publicará esta primavera. Tengo otros tantos libros a punto de terminar. 
Hume continúa, “ soy un hombre de disposiciones leves, de controlado temperamento, de un humor abierto, social y alegre, capaz de apegarme, pero susceptible de enemistarme, y con gran moderación en todas mis pasiones.” 
     Aquí difiero con Hume. Aunque haya disfrutado relaciones amorosas y amistades y no tengo enemistades reales, no puedo decir (y nadie que me conozca lo podría decir) que soy un hombre de disposiciones leves. Al contrario, soy un hombre de disposiciones vehementes, con entusiasmos violentos, y una extrema inmoderación en todas mis pasiones. 
     Y aun así, una de las frases de Hume me asombra por ser especialmente verdadera: “es difícil” escribió, “ estar más desapegado de la vida de lo que estoy ahora mismo”. 
     Durante los últimos días, he sido capaz de ver mi vida como de un punto de vista superior, desde una gran altitud, como si fuera un paisaje, y con un profundo sentido de conexión con todas sus facetas. Esto no quiere decir que estoy acabado con la vida. 
Al contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero, en el tiempo que me queda, profundizar en mis amistades, despedirme de aquellos que amo, escribir más, viajar y tener las fuerzas, para lograr nuevos niveles de entendimiento y percepción. 
Esto involucrará audacia, claridad y simple y llano hablar; intentando ajustar mis cuentas con el mundo. Pero habrá tiempo, a su vez, para divertirme. 
     Siento una repentina y clara capacidad de concentración y perspectiva. No hay tiempo para nada que no sea esencial. Tengo que concentrarme en mí mismo, mi trabajo y mis amigos. Ya no veré las noticias de la noche. Ya no prestaré ninguna atención a la política o discusiones sobre el calentamiento global. 
     No es indiferencia sino desapego; aún me preocupo profundamente sobre el Medio Oeste, sobre el calentamiento global, sobre la desigualdad creciente, pero estas cosas ya no son asunto mío; pertenecen al futuro. Me regocijo cuando me encuentro con agraciados jóvenes, incluso aquel que diagnosticó mi metástasis. Creo que el futuro está en buenas manos. 
     He sido cada vez más consciente, durante los últimos 10 años o así, de las muertes de mis contemporáneos. Mi generación está desapareciendo, y cada muerte la he sentido como un desgarre, una pérdida de una parte de mí mismo. No habrá nadie como nosotros cuando nos hayamos ido, aunque de todas formas nunca ha habido nadie que sea igual que otro, nunca. Cuando la gente muere, no pueden ser remplazados. Dejan huecos que no pueden ser rellenados, y es que ése es el destino --el genético y neurótico destino-- de cada ser humano, el de ser un único individuo, que busque y encuentre su propio camino, que viva su propia vida, que muera su propia muerte. 
     No puedo intentar aparentar o pretender que no tengo miedo. Pero mi sentimiento predominante es de gratitud. He amado y he sido amado, se me ha dado mucho y he dado mucho a cambio; he leído y viajado y reflexionado y he escrito. He tenido un tira y afloja con el mundo, la interacción característica de los escritores y lectores. 
     Sobre todo, he sido una persona sensible, un animal pensante, en este bello planeta, y eso por sí mismo ha sido un enorme privilegio y una increíble aventura. 


     Oliver Sacks, profesor de neurología en el colegio de Médicos de la Universidad de Nueva York. 



miércoles, 18 de febrero de 2015

Práctica: Ser consciente de cuándo tu mente se adelanta al siguiente momento


     Práctica: Plena presencia en el instante presente, ser consciente de cuándo tu mente se adelanta al siguiente momento.
     ¿Te has visto alguna vez sacando las llaves de casa antes de llegar a la puerta de casa? ¿Sacando las llaves del coche antes de llegar al coche? 
     Es algo tan común, que ni nos damos cuenta que, al hacerlo, estamos adelantándanos en el tiempo al momento siguiente, estamos dejando de vivir el instante presente. 
     Como en lo pequeño hacemos en lo grande y proyectamos nuestra mente a un futuro que o imaginamos mejor o peor. Si lo imaginamos mejor, sentimos esperanza. Esperanza que, sin embargo, va de la mano de dos amigos: el miedo a no conseguirlo y el rechazo al presente que no es, aún, ese futuro deseado. O imaginamos el futuro con temor, ansiedad y preocupación. Sea como sea, incluso en la proyección positiva de ese futuro, la ansiedad y el miedo son la respuesta emocional que se afincan en nuestro cuerpo. 
     Una práctica fácil y potente es observar tu mente y cada vez que veas que se adelanta al siguiente paso, volverla a centrar en el instante presente. Si estás caminando centra tu conciencia en el paso que estás dando, tu cuerpo, tu respiración… si te estás lavando las manos, el agua, el jabón, el movimiento…
     Observa cómo tu mente se adelanta, cuando haces una tarea, piensas en la siguiente, cuando estás yendo al supermercado, piensas en lo que vas a hacer allí, cuando vuelves del supermercado, piensas ya en la casa…
     Cada vez que ‘pilles’ a tu mente adelantada, vuélvela a centrar en el ahora. Como si este paso, esta respiración es lo único que tuvieras en tu vida. Que en realidad es lo único que tienes en tu vida Ahora, porque es lo único que hay Ahora.

lunes, 16 de febrero de 2015

Soy


¿Cuánto tiempo permanece el pájaro en la rama?
¿Cuánto tiempo tarda en caer la gota de lluvia?
¿Cuánto tiempo dura un pensamiento antes de que venga otro?
¿Habitan en tu mente los mismos pensamientos que cuando tenías seis años?
¿Los mismos pensamientos y emociones que hace seis años?
¿Son los mismos pensamientos y emociones antes y después de enamorarte, antes y después del nacimiento de un hijo, o de la separación y muerte del ser tan amado?
Aquellos pensamientos que habitan en tu mente con tozudez, y se repiten sin cesar, ¿no será que los has apresado como al pequeño pájaro que quiere volar libre?
Y si tus pensamientos y emociones cambian tanto, y a veces tan rápidamente, otras tan drásticamente… ¿Quién eres? 
Te buscas erróneamente en la mente enmarañada de pensamientos y emociones.
Te aferras a ellos y los atrapas, los agarras o los rechazas y ellos te estrangulan. 
Pero no, no son ellos, eres tú.
¿Puede el pájaro volar sin Espacio?
¿Puede el árbol crecer, la rama expandirse, la flor abrirse, sin Espacio?
¿Puede la gota de lluvia caer sin Espacio?
¿Pueden los pensamientos existir si no existe el Espacio?
Mira el Espacio, eso que consideras Vacío y que has desechado como no-importante. 
Sin él nada existe. Sin él nada Es. 
Búscate en el Espacio. En el Espacio Vacío y Sin-Forma. 
Búscate en el Espacio entre pensamiento y pensamiento.
Búscate en el Silencio de tu mente. 
Ni siquiera tienes que buscarte. 
Sólo tienes que aquietarte y mirar el Espacio, Sentir el Espacio. 
Y entonces ves que es lo único que permanece, lo único que ha estado siempre,
lo único que siempre estará.
Y entonces sientes que Eres Espacio.
Y que en el Espacio que Eres ocurre esto que llamas pensamientos, emociones, acontecimientos… 
Pensamientos y emociones que surgen y mueren, cambiando sin cesar.
Acontecimientos que cambian continuamente, uno detrás de otro. 
Todos ellos moviéndose y fluyendo, naciendo y muriendo, vienen y van en el Espacio que Eres, como los pájaros y la lluvia. 
Y entonces sientes que en el Espacio que Eres ocurre esto que llamas ‘tu vida’. 
‘Tu vida’ con letras pequeñas, que también nace y fluye y cambia y se acaba. 
Pero el Espacio permanece. 

Y de repente todo es ligero, todo ha perdido su peso.
Nada importa. Nada es serio. 
Es la danza, el juego de la Vida, de la Vida con mayúsculas, de la Vida que nunca empieza y que nunca acaba.
Un sonrisa se dibuja en mi rostro. Juego el juego. Sé que estoy jugando un juego.
El peso perdido es inmenso. 
Soy Espacio. Vacío. Enorme. 
Tan grande como el Universo. 
Soy.
Juego.

sábado, 7 de febrero de 2015

Transforma tu Vida por medio de la Respiración Consciente


     Cada respiración consciente te ancla en el Ahora. No puedes respirar el aire de ayer. No puedes respirar el aire de mañana. Por la mañana en la ducha, no puedes hacer todas las respiraciones del día para tenerlas hechas. Ni siquiera puedes inspirar y espirar a la vez. Tampoco puedes respirar conscientemente y pensar en otra cosa. Inténtalo, comprobarás que no es posible. Centrar tu Conciencia en la Respiración abre la puerta al Ahora. Nota cómo tu abdomen sube y baja al respirar, cómo tu pecho se expande y contrae con la respiración. Observa cómo tu cuerpo respira, no tienes que hacer nada, sólo observar cómo tu cuerpo lo hace. Observa también la pequeña pausa que hay entre respiración y respiración, observar esa pausa da mucha calma. Tu mente se detiene y empiezas a notar más calma.
     Eckart Tolle en "Un Nuevo Mundo, Ahora", recomienda observar la respiración con tanta frecuencia como podamos, cada vez que nos acordemos. Una respiración consciente, dos o tres aún mejor. Dice que tras un año haciéndolo conseguiremos más que yendo a muchos cursos, y será gratis. Y es cierto. Puedo asegurar que es cierto. Llevo años haciéndolo y es verdad. En Oriente llevan miles de años enseñando a hacer esto.
     Claro, que la mente dice "eso es muy difícil", porque no quiere que lo hagamos, porque la cháchara mental continua se interrumpe. No creas lo que dice la mente. Lo que te dice tu mente no tiene porqué ser verdad. Tampoco me creas. No creas a Tolle. No creas a Buddha. Compruébalo. Atrévete a probarlo.



miércoles, 4 de febrero de 2015

En-Amorarse o En-Necesitarse

El beso. 1859. Francisco Hayez.

  Inspira música, canciones, poemas, retratos… Estar enamorado parece elevarnos a la cima de las emociones y sensaciones vitales. El que no está enamorado, quiere estarlo. La persona que está enamorada, no quiere dejar de estarlo. El que lleva años en una relación, añora la pasión y arrobamiento de la primera etapa de enamoramiento: Sentir el temblor en las manos y en el cuerpo cuando te acercas, quizá por primera vez, a la persona deseada. Sentir que todo el mundo desaparece y se concentra en ese beso. Sentir que los límites de tu identidad desaparecen y se funden con las de la otra persona…  
  Pero, ¿es eso el amor? ¿o el comienzo del amor? 
No necesariamente. El hecho de que la emoción sea intensa, tremendamente intensa, no significa que esté provocada por algo cierto o bueno. Piensa en la intensidad del odio que mata y asesina, ¿justifica esa intensidad emocional las acciones que se deriven de ella? Piensa también en la intensidad del deseo de un drogadicto, y en la intensidad de su placer (al menos, las primeras veces), ¿convierten la intensidad del deseo y el placer derivado de la satisfacción de su deseo en algo bueno para la persona, para su cuerpo, para su mente, para su entorno? Piensa en la intensidad de la emoción de los niños la víspera de Reyes. ¿Esa emoción es producida por algo real?
Así que, no, no es la intensidad de una emoción la que nos dice si lo que la genera es bueno o si va a derivar en algo bueno, o si es verdad. Por muy intensas que sean las emociones en la primera fase de “enamoramiento” no significa que la relación vaya a ir bien, no significa que sea “la” persona, y no significa que sea amor. 
Si observamos las poesías y canciones de amor, sin dejarnos llevar por el condicionamiento cultural sobre el romanticismo que todos hemos sufrido, veremos que la inmensa mayoría tienen un rasgo común: insisten que nuestra felicidad vendrá gracias a la cercanía de la otra persona, y que la vida no tendrá sentido sin ella. “Eres todo lo que espero, eres todo lo que necesito” canta Joe Cocker en You Are So Beautiful. “No puedo vivir si la vida es sin ti, no puedo vivir, no puedo dar más” canta Harry Nilsson en Without You, o “la quiero a morir” repite Francis Cabrel en su canción con ese mismo título Je l’aime à mourir.







Y en todas esas afirmaciones tan ‘románticas’ hay, de base, una creencia falsa que es la raíz del sufrimiento posterior: creer que es otra persona la que nos dará la felicidad —el famoso mito de la “media-naranja”, de las “almas gemelas”—. Lo cierto es que nada ni nadie, puede, desde fuera, darnos la felicidad. La Felicidad sólo está dentro de nosotros mismos. Es un tesoro que sólo descubriremos viajando hacia nuestro interior y desarrollando la capacidad de ser felices, como una herramienta, como otra capacidad más. Matthieu Ricard en su libro “En Defensa de la Felicidad” define la misma como “un estado adquirido de plenitud subyacente en cada instante de la existencia y que perdura a lo largo de las inevitables vicisitudes que la jalonan”. Esta felicidad genera un resplandor “que ilumina de dicha el instante presente y se perpetúa en el instante siguiente hasta formar un continuo que podríamos llamar ‘alegría de vivir’”.
Es decir, que la felicidad depende de nosotros mismos, de que hayamos aprendido a desarrollar esa plenitud. Como expliqué en la entrada anterior, La Mente Silenciosa (http://linkcerebromente.blogspot.com.es/2015/01/la-mente-silenciosa.html), cuando nuestra mente está en silencio, nos permite ver que esa Felicidad está, efectivamente, en nuestro interior.
La responsabilidad de regular nuestra mente, de aprender a utilizarla bien, para que podamos tener un acceso más continuo a nuestro Ser sólo depende de nosotros. Es un trabajo personal y único. Es cierto, que la compañía de otras personas que estén haciendo el mismo trabajo es una gran ayuda. Más aún si es tu pareja. Pero al final, el trabajo es de cada uno. Nadie lo puede hacer por nosotros. 
Para la mayoría de la gente, sin embargo, partimos de la creencia falsa: “esta persona me dará la felicidad” y al comienzo, desde luego, parece hacerlo, pero cuando la relación lleva un tiempo la mente, el ego, vuelve a sentir, otra vez, ese vacío, esa insatisfacción, esa ansiedad, ese miedo, esa tristeza, esa incomodidad general con la vida, esa profunda insatisfacción que proviene de la desconexión con uno mismo pero que, no sabiéndolo, le echamos la culpa a la otra persona que, debería habernos hecho felices. Como le dijo un hombre a su mujer durante el desayuno: “¿Sabes qué? Se supone que deberías hacerme feliz todos los días y no estás cumpliendo con tu trabajo. ¡Quiero el divorcio!”. Es un caso extremo, desde luego, pero de forma inconsciente, para muchas personas, es así. Su pareja debe darles la felicidad. Proyectan en su pareja la misma actitud que con otras cosas en las que también buscan erróneamente la felicidad: el dinero, el trabajo, una carrera, una posición social, un coche… Eso no significa que tener estas cosas no te den satisfacción y no las puedas disfrutar. Cuando la vida te las regala, disfrútalas, hónralas, respétalas, cuídalas… siente agradecimiento por poder tenerlo o disfrutarlo. Pero ten claro que tu felicidad no depende de ellas.
Y de la desilusión al ver que esa persona no te hace feliz se puede pasar a la rabia, la irritación, e incluso el odio. ¿Cuántas personas empiezan a vivir juntos o se casan perdidamente enamorados para separarse llenos de odio, rabia y resentimiento? ¿Puede el amor convertirse en odio? Obviamente no. El amor no puede convertirse en odio. Pero el apego adictivo por una persona sí. Porque no nos habíamos en-amorado, nos habíamos en-necesitado. Y el haber cargado la responsabilidad de nuestra felicidad a nuestra pareja puede hacer que el aprecio y apego que le teníamos, y que confundíamos con amor, se convierta en odio. En un odio intenso. 
Estoy viendo las caras de más de uno y de más de una diciendo, “¡pero no! ¡yo lo que sentía durante todos estos años es amor, eso seguro!” Piénsalo un poco. ¿Tienes hijos? ¿Los amas? ¿Los puedes llegar a odiar? No. Incluso aunque hagan algo malo, aunque estés muy enfadado o enfadada con ellos, no los odias. ¡No puedes! Esa es la diferencia. ¿Puedes amar a una pareja, a otra persona que no sea tus hijos de la misma forma incondicional? Sí, se puede, y ese es el objetivo de la evolución de nuestra conciencia humana. De hecho muchas prácticas de meditación, como las de Amor-Amabilidad, tienen como objetivo desarrollar esa capacidad en la persona que las practica. 
  Entonces, si el objetivo de las relaciones no es hacernos feliz, ¿cuál es? Despertar, hacernos conscientes. Darnos cuenta que no está fuera, sino dentro de nosotros el tesoro que buscamos. Puedes meditar durante años en un monasterio y en condiciones ideales y, desde luego, eso supondrá un gran avance para tu conciencia. Pero donde realmente estará tu prueba de fuego será en las relaciones con los demás. Encuentra la paz y la felicidad, dentro de ti, en el mundo, con todo lo que la vida y el mundo te dé. Ese es el verdadero trabajo. Esa es la verdadera conquista. 
Vive con Plena Conciencia. Aprecia el regalo de cada momento y cada cosa. Cuídalos. Hónralos. No están aquí para satisfacer tus deseos. No están aquí para hacerte feliz: ni tu trabajo, ni tu pareja, ni tus hijos, ni tus amigos, ni tus padres, ni la naturaleza, ni el planeta… pero serás plenamente feliz si disfrutas y honras su presencia en tu vida con todo tu corazón.




En un futuro: ¿Por qué hay personas que se enamoran siempre de la persona menos adecuada? ¿Puede una relación que empieza como apego, como necesidad, transformarse en amor? ¿Cómo?

martes, 3 de febrero de 2015

Observa tu Mente

    

    Esta práctica es muy poderosa y puede marcar una diferencia importantísima en cómo vives tu vida y en la práctica de tu meditación, si ya meditas: 
     Observa tus pensamientos, la voz dentro de tu cabeza, la cháchara mental, con tanta frecuencia como puedas. Presta especial atención a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos pensamientos que se reiteran un día tras otro. Te darás cuenta de que la mayoría de los pensamientos son muy repetidos, martilleantes, que la mente es cíclica y obsesiva. Mantente allí como presencia que atestigua. Observa los pensamientos imparcialmente, no participes (no los alimentes dándoles más argumentos, más energía), no juzgues (no los rechaces, no los bloquees diciéndote ‘¡qué horror! ¡no quiero pensar en esto!’). Si participas o los juzgas otra vez te has identificado con los pensamientos, te has dejado arrastrar por ellos. No los rechaces como si fueran malos, no los persigas, no los creas, como si fueran verdad. 
     En Oriente solían utilizar la imagen de ponerse en la orilla de un río y observar la corriente, sin dejarte arrastrar por ella, pero sin bloquear el flujo del agua. Una carretera moderna, tal y como nos propone Andy Puddicombe en los vídeos de Headspace, puede ser una imagen más fácil de comprender para un occidental (ver abajo el vídeo del Tráfico Mental de Headspace y debajo la traducción al castellano). Nos colocamos en la orilla de la “carretera del tráfico mental” y observamos lo que ocurre. Cada coche representa un pensamiento, una emoción… Lo que tenemos que hacer es observar, sin parar el tráfico, sin bloquear ni juzgar el pensamiento (¡no quiero pensar en esto! ¡No quiero sentir esto!), ni tampoco perseguirlo, (porque sea agradable o porque piense que ‘tengo razón’); es decir, sin perseguir los pensamientos como los perros que persiguen las ruedas de los coches. 
     Al ser el testigo en la orilla de la corriente mental eres la Conciencia que observa. Eres consciente no sólo del pensamiento, sino de ti mismo como testigo del pensamiento. Hay una conciencia por debajo o por detrás, o por encima, del pensamiento. Esta Conciencia no es pensamiento, no es mente. 
     Al no identificarte con el pensamiento le restas energía. No lo alimentas identificándote con él, persiguiéndolo o bloqueándolo (cuidado, que al bloquearlo también le da energía). Lo observas siendo la conciencia testigo, sin identificarte con él. Esta práctica es el fin del pensamiento obsesivo y compulsivo. 
     Puedes realizar esta práctica durante tu meditación. Pero donde encontrarás que genera un cambio realmente transformador es cuando la realizas en tu día, en tu vida cotidiana. Siempre que te acuerdes, cuantas más veces al día mejor, aunque sea durante unos segundos, sé la Conciencia que observa los pensamientos. Eso va generando brechas de no-pensamiento, de silencio y quietud en tu mente. Esas brechas al comienzo serán cortas, de apenas unos segundos.  Se irán alargando y empezarán a durar minutos, y llenarán cada vez más espacio en tu vida cotidiana. De hecho, ya tienes brechas sin pensamiento, de silencio, sin cháchara mental, si no, no estarías leyendo esto… lo que ocurre es que no eres consciente de ellas. Quizá se dan con más facilidad cuando estás en contacto con la Naturaleza como describí en “La Mente Silenciosa” (http://linkcerebromente.blogspot.com.es/2015/01/la-mente-silenciosa.html), o cuando tienes un recién nacido en brazos, o cuando tu gato ronronea sobre tu pecho... Es importante ser consciente de esas brechas sin pensamiento.
     Sabrás que lo estás haciendo bien, cuando notes una sensación de paz y de calma, de serenidad, independientemente de lo que pase en el día. Porque entonces ya no será un ejercicio que estás haciendo sino una Conciencia que estás siendo. Puede ser un día difícil, puede haber dolor, o enfermedad, o duelo, pero puedes seguir notando esa serenidad de fondo. Al comienzo, ese contacto con esa serenidad irá y vendrá; pero se irá haciendo cada vez más constante y fuerte. A veces también vendrá una sensación de profunda e intensa alegría, que resulta muy sorprendente al comienzo, porque no sabemos de dónde viene: es la Alegría del Ser, la Alegría de la Fuente de la Vida, de la Vida-Una de la que comienzas a ser consciente. No viene de fuera de ti, viene de dentro de ti. Sólo Tú eres la Fuente de la Verdadera Felicidad


     Traducción del vídeo: “Entrenar la mente es bastante diferente de lo que la gente suele pensar que es. Quizá tengan la idea de que es parar pensamientos, o eliminar emociones. Pero en realidad es un poco diferente, una forma fácil de comprenderlo es imaginarte sentado a la orilla de una carretera con bastante tráfico. Los coches que pasan representan los pensamientos y las emociones. Y lo único que tenemos que hacer es sentarnos ahí y observar los coches. Parece fácil, ¿verdad? (-¡Claro! dice el ‘muñequito’). Pero lo que normalmente ocurre es que nos sentimos alterados por el movimiento del tráfico. Así que rápidamente saltamos en mitad del tráfico y lo intentamos parar (el personaje de la animación para dos coches que llevan emociones negativas, rabia y miedo), o quizá lo perseguimos (el personaje corre detrás de dos coches que representan el amor y la relajación). Olvidándonos que la idea era sentarnos en la orilla. Y, por supuesto, todo este correr por ahí aumenta nuestra inquietud en la mente. Entrenar la mente es cambiar nuestra relación con los pensamientos y emociones que pasan, aprender a verlos con un poco más de perspectiva. 
     Y cuando hacemos esto, de forma natural, encontramos un lugar de calma. ¡Pero que a veces se nos va a olvidar cuál era la idea y nos vamos a distraer!, ¡por supuesto que lo haremos! Pero tan pronto como lo recordemos ahí estaremos, otra vez en la orilla de la carretera, simplemente mirando el tráfico pasar, perfectamente relajados/as en cuerpo y en mente.” 


lunes, 2 de febrero de 2015

Práctica de Conciencia Plena para los Días con Estrés


     ¿Quieres ver un milagro? En un día que esté muy cargado de tareas ve despacio, muy despacio, con plena conciencia en lo que haces en cada momento. No pienses en la siguiente tarea. Cuando tu mente huya al momento siguiente, vuélvela a centrar en lo que haces en ese instante y en tu cuerpo. Si te estás lavando las manos, siente el movimiento de tus manos, el agua, la temperatura, el jabón... Si estás subiendo unas escaleras, presta atención a tu cuerpo, a cada paso, a tu respiración... no pienses en a dónde vas, si no en cada paso, como si fuera lo único que existiera en ese momento... porque es lo único que existe. Lo único que existe siempre es el Ahora. 
     Haz una sola tarea por vez, no hagas multitarea. Una sola cosa, despacio, con Plena Conciencia. Te dará tiempo a hacer todo y el día terminará sin un rastro de estrés, con calma, con felicidad. 
     Es como si las manecillas del reloj fueran más despacio. Has salido del Tiempo. Has entrado en el Ahora.

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